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	<title>No hi ha dret(s) &#187; memoria històrica</title>
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		<title>El sueño olímpico del 36</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Jul 2017 12:14:58 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer hizo 81 años que Barcelona se fue a dormir con un sueño. Decía así: <em>“Abraceu-vos, homes ara que un gran bes inflama els cels (…) Sota el cel blau l’única paraula apropiada, un crit d’alegria, Pau”.</em> <em>[Abrazaos, hombres ahora que un gran beso inflama los cielos (…) bajo el cielo azul la única palabra apropiada, un grito de alegría, Paz].</em> Con estas palabras, el violinista <strong>Pau Casals</strong> y el poeta <strong>Josep Maria de Segarr</strong>a iban a abrir la ceremonia de apertura de las Olimpiadas Populares del 1936. Era el 18 de julio de 1936 y la ciudad era una fiesta. La gente había salido a la calle en masa a recibir a los más de 5.000 atletas procedentes de todo el mundo. Entre ellos, <a href="http://www.sinpermiso.info/textos/la-historia-de-los-clarion-y-la-olimpiada-popular-de-barcelona-1936">cinco ciclistas Clarion</a> que pertenecían a la delegación británica. El presidente <strong>Companys</strong> era uno de los otros protagonistas. Bajo su batuta debía comenzar el evento en el flamante estadio de Montjuïc que lleva ahora su nombre. 56 años después, lo recordaba el alcalde <strong>Pasqual Maragall</strong> cuando el sueño se hizo realidad en 1992. Barcelona era, aquel verano de 1936, uno de los lugares de Europa más poblados de ateneos, clubes deportivos populares y obreros. La ciudad defendía encarnizadamente el deporte, no como un privilegio de los sectores acomodados, sino como un derecho o una <strong>herramienta de democratización</strong> al servicio de las clases populares. No es extraño, por ello, que cinco años antes hubiera presentado la candidatura olímpica. Ya lo había hecho en 1920. La proclamación de la II República, sin embargo, lo frustró. El aristocrático Comité Olímpico Internacional (COI) optó por Berlín. <strong>Y una vez en el poder Hitler, no se echó atrás</strong>. Numerosos países y organizaciones internacionales, como el Comité Olímpico de EEUU, decidieron no quedarse de brazos cruzados. Se puso en marcha una <strong>campaña de boicot</strong>. La sociedad civil catalana, con el Comité Catalán pro Deporte Popular o el CADCI al frente, se sumaron con el impulso de las Olimpiadas Populares. Era una iniciativa para frenar la potente herramienta de <strong>propaganda nazi</strong> que venía de Berlín. Barcelona entonces se convirtió en un referente internacional del deporte. También del espíritu antifascista y antirracista que latía en los corazones de los ciudadanos europeos. Entre los atletas que vinieron, había un grupo numeroso de mujeres hasta entonces prácticamente ignoradas, grupos de judíos vetados en Berlín o miembros de las selecciones de naciones sin estado como Palestina, Alsacia, Euskadi, Galicia o Catalunya. Ese día, sin embargo, <strong>Barcelona se despertó bajo el ruido de las armas.</strong> El sueño olímpico se rompió por la pesadilla de un golpe de Estado. Las Olimpiadas Populares se tuvieron que suspender. Como no pudieron competir, muchos de los deportistas decidieron quedarse e integrarse a las Brigadas Internacionales. Arriesgaron su vida en la lucha por la libertad y en el combate contra el fascismo. Lo hicieron con coraje y determinación. Y, sin embargo, perdieron. De esta generación de vencidos escribió el filósofo francés, <strong>Albert Camus</strong> desde París. “Fue en España -decía- donde mi generación aprendió que uno puede tener la razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma y que, a veces, el coraje no obtiene recompensa”. Un aprendizaje duro. Aquellos hombres y mujeres fueron un ejemplo de coherencia, fraternidad y dignidad. Defendían que -como también recordaba Camus- <strong>“la libertad debe ser de todos o de nadie”</strong>. Su derrota fue la primera victoria del fascismo en Europa. El campo de batalla de una guerra internacional que vendría poco después. Barcelona está en deuda con toda aquella gente. Por eso hay que poner en valor que desde Generalitat y el Ayuntamiento impulsen diferentes actos de recuerdo y homenaje. Como ha hecho hoy el consejero Romeva, y como hizo el Ayuntamiento el año pasado, cuando se celebraron los 80 años de la efeméride. En ambos casos, con la emotiva presencia de los miembros del <strong>equipo ciclista Clarion</strong> provenientes de Londres. Ahora que hace 25 años del discurso olímpico de Pasqual Maragall, y de su mención a la Olimpiada, su memoria nos debe servir para recordar que el <strong>verdadero enemigo de Cataluña es el olvido</strong>. Recordemos y recordamos a los demás. Este es el imperativo ético que reivindicaba Cernuda en un poema titulado<strong> “1936”.</strong> Lo escribió una noche de 1961. La misma noche que conoció a un brigadista británico. Empezaba con el famoso “recuérdalo tú y recuérdalo a otros” y termina con el siguiente verso de agradecimiento:</p>
<p style="text-align: center;"><em>Gracias, compañero, gracias por el ejemplo. Gracias por que me dices que el hombre es noble. Nada importa que tan pocos lo sean: uno, uno tan obl basta como testigo irrefutable de toda la oblesa humana.</em></p>
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		<title>Nuremberg i Puig Antich</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Mar 2017 11:25:29 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Franquisme]]></category>
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		<description><![CDATA[Hi ha víctimes que, fins que no se’ls faci justícia, ens interpel·len i es fan actuals. Això és el que passa amb el jove barceloní Salvador Puig Antich. Com tants altres assassinats, torturats o desapareguts pel règim franquista, el seu record segueix present malgrat el pas del temps. Quaranta-tres anys després, la impunitat d’aquell crim [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hi ha víctimes que, fins que no se’ls faci justícia, ens interpel·len i es fan actuals. Això és el que passa amb el jove barceloní Salvador Puig Antich. Com tants altres assassinats, torturats o desapareguts pel règim franquista, el seu record segueix present malgrat el pas del temps. Quaranta-tres anys després, la impunitat d’aquell crim atroç ens converteix inevitablement en còmplices del moment en què la seva vida es va dislocar en el garrot vil. Per això hem decidit portar el seu cas als tribunals. La mort de Puig Antich va ser un assassinat polític. Un acte de venjança arran de la mort de Carrero Blanco. Ho demostra, per exemple, el sinistre mètode d’ajusticiament medieval utilitzat. Era un missatge d’inclemència d’un règim agonitzant que se sentia vulnerable. Una altra prova en va ser la farsa judicial que el va portar al patíbul. No va tenir dret a cap judici just, equitatiu, independent, imparcial o amb garanties processals. Quatre membres del consell de guerra van ser escollits per la seva «rectitud patriòtica» entre «capitans resolutius» i sense cap formació jurídica. El cinquè militar, Carlos Rey, sí que era jurista. Contra ell es dirigirà la querella. Va ser qui va portar la veu cantant i va redactar la sentència de mort. De resultes d’això, està imputat en un jutjat argentí i pesa sobre ell una ordre internacional de recerca i captura. En una entrevista recent, va afirmar sense indicis de penediment que va fer «el que havia de fer».</p>
<h3>MEMÒRIA HISTÒRICA</h3>
<p>Aquesttipus d’al·legats són incompatibles amb els drets humans. I ens remeten a la tràgica experiència del nazisme. Les condemnes de Nuremberg establien que l’actuació de fiscals i jutges nazis podia ser legal a la llum del sistema jurídic alemany, però no del dret internacional. Un argument que serveix per als consells de guerra franquistes, com el de Puig Antich, declarats il·legítims per la mateixa llei de memòria històrica. Amb la intenció d’aixecar un mai més com a imperatiu categòric, el Tribunal d’Estrasburg ha tractat aquestes actuacions no com a actes de dret sinó de barbàrie. Hi ha crims que, per la seva crueltat, no prescriuen ni admeten immunitat. Que no solament ofenen qui els pateix sinó també tot el món. I precisament per això, independentment de qui sigui el seu autor i d’on s’hagin produït, es poden perseguir des de qualsevol lloc. Això és, precisament, el que estableix el principi de justícia universal. Els tribunals espanyols van ser, de fet, pioners en el seu impuls. Es va invocar el recurs a la jurisdicció universal per trencar la impunitat de lleis d’amnistia i punt final que impedien el càstig de crims de lesa humanitat. Entre els casos més notoris hi havia els de Xile i l&#8217;Argentina. La qüestió es va torçar, no obstant, quan es va tractar netejar els draps bruts propis. El brusc tancament d’una investigació sobre els crims franquistes posava al descobert la utilització hipòcrita del dret. Les normes que no valien per als altres, llavors sí que valien per a un mateix. Llavors Es va produir un fet inesperat. La via oberta per la jurisdicció espanyola va ser represa a l’Argentina. Una querella presentada per víctimes i associacions va permetre impulsar la investigació contra els responsables dels fets. Entre ells, els que presumptament van assassinar Puig Antich. La resposta, no obstant, va seguir sent poc recíproca. Les autoritats espanyoles es van negar a donar curs a les ordres d’extradició.</p>
<h3>UN ALIAT MUNICIPAL</h3>
<p>Aquesta política de bloqueig és, sens dubte, contrària a un altre principi del dret internacional, que diu: extradeix o jutja. O s’investiga o es deixa investigar. Amb aquest argument, i després del canvi de cicle polític obert en les passades eleccions municipals, ajuntaments com Saragossa, Cadis, Vitòria-Gasteiz, la Corunya, Pamplona o Barcelona reprenen ara el fil argentí per tornar a portar-lo als tribunals espanyols. Les entitats memorialistes i de drets humans han trobat en aquesta xarxa municipal un nou aliat per trencar el candau de la impunitat. El temps transcorregut no debilita la seva reivindicació. Al contrari, la legitima més. A Puig Antich el va assassinar el règim franquista, és cert. Però és l’actual règim sorgit de la Transició el que fins ara no ho ha reparat. Qui busca la impunitat d’aquest tipus d’assassinats és tan responsable com qui els va perpetuar. Les víctimes segueixen sent actuals en la mesura que no se’ls faci justícia. No se les pot ignorar una vegada i una altra. I si es fa, el ressò de la seva veu ens perseguirà sense descans. Com a promesa d’un mai més que vol fer-se realitat. Com a irrenunciable llei de qui, en la lluita pels drets humans, no accepta fronteres ni mordasses. Ni pactes de silenci o oblit. Aquest és, precisament, el llegat de Nuremberg.</p>
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		<title>Justicia sin fronteras</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 23:19:01 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 14 de abril, un grupo de juristas y asociaciones de derechos humanos presentó en Argentina una querella para que sus tribunales reabran la investigación de los crímenes franquistas hoy bloqueada en España. Este inesperado efecto colateral del caso Garzón ha devuelto al centro de la escena un tema que tanto el PSOE como el PP llevan tiempo intentando quitarse de encima: el de la jurisdicción universal.<br />
Fraguado tras la trágica experiencia del nazismo, el principio de jurisdicción universal supone la existencia de crímenes que, por su gravedad, resultan imprescriptibles y pueden ser juzgados en cualquier parte del mundo, con independencia de quiénes sean sus autores y dónde los hayan cometido. La pretensión política y jurídica de estipular un “nunca más” frente a este tipo de actos inspiró la adopción de acuerdos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los pactos de derechos de 1966, el Convenio contra el Genocidio o el Convenio contra la Tortura.<br />
Ciertamente, estas normas se han aplicado de manera desigual a los derrotados y a quienes, a pesar de sus fechorías, resultaron victoriosos. Tras el juicio al nazismo, abominables crímenes de guerra como los bombardeos de Hiroshima, Nagasaki o Dresde, o delitos terribles como las purgas estalinistas, fueron relegados a un ámbito de más o menos velada impunidad. Incluso los tribunales supraestatales creados más tarde para perseguir este tipo de<br />
actos, como el Tribunal Penal Internacional, han permanecido lastrados por lo que Danilo Zolo ha llamado la “justicia de los vencedores”.<br />
El origen de la jurisdicción universal, precisamente, está en la decisión de algunos tribunales estatales de sortear el doble rasero de esos foros internacionales y de tomarse en serio el derecho internacional vigente. Asumir la competencia para enjuiciar crímenes de lesa humanidad supone, de hecho, enviar al poder, sea de donde sea, una advertencia inequívoca: utilizar el propio aparato estatal para asesinar, torturar y luego asegurarse la propia impunidad, es una operación arriesgada. Siempre será posible que la jurisdicción universal se active y que los responsables, hasta entonces inmunes, se vean obligados a dar cuenta de sus acciones.<br />
Al amparo del artículo 23 de la Ley Orgánica del Poder Judicial y en cumplimiento de las obligaciones internacionales contraídas, la Justicia española fue pionera en el impulso de este principio. Muchas de las causas abiertas –comenzando por la del dictador Pinochet– tuvieron una destacada incidencia internacional y contribuyeron a que otros países ajustaran cuentas con un pasado dictatorial que permanecía impune. En realidad, se aplicó sin controversia mientras no interfirió con el buen desarrollo de las relaciones diplomáticas y los negocios internacionales. Sin embargo, cuando se intentó colocar bajo la luz pública los vuelos de la CIA, las torturas en Guantánamo, la masacre de Gaza o los crímenes de China en el Tíbet, el Gobierno sintió comprometida la realpolitik. A resultas de ello, se mutiló su alcance mediante una reforma legislativa furtiva cuya primera víctima sería la activista Aminatou Haidar.<br />
Ahora, las acusaciones de prevaricación dirigidas contra Garzón han generado lo inesperado: la senda abierta por la jurisdicción española está siendo retomada por otros tribunales para impulsar, precisamente, la investigación de hechos que los pactos de la Transición habían pretendido arrumbar.<br />
El europarlamentario socialista Ramón Jáuregui, como otros miembros del Gobierno y la oposición, ha calificado la pretensión de inaceptable. Los españoles –ha argumentado– decidieron perdonar la represión franquista para construir una sociedad que se reconocía y toleraba, al margen del pasado de cada uno.<br />
La querella presentada en Argentina pone en cuestión esta versión institucional del perdón. Y lo hace colocando en el centro del debate el punto de vista de las víctimas, su derecho a la verdad. Con la querella, avalada por juristas, abogados y activistas de distintos rincones del mundo, es la periferia quien, en nombre de la humanidad, recuerda ahora a la metrópolis que hay crímenes deleznables que no pueden enterrarse en las fosas del olvido.<br />
La filosofía que inspira este tipo de actuaciones es similar a la que permitió a tribunales europeos ocuparse de las vejaciones cometidas por Videla, Pinochet y sus secuaces. Con arreglo a la misma, no hay ley de amnistía que haga decaer el deber de investigar delitos contrarios a un orden jurídico que se proyecta más allá del propio Estado. Este orden jurídico puede considerarse todo menos el producto de la “imaginación creativa” de un juez. Es, por el contrario, el resultado de una dilatada y ardua lucha colectiva, muchas veces anónima, que ha cobrado cuerpo en decenas de sentencias, declaraciones y tratados que los estados se han visto obligados a ratificar. Esta lucha, es verdad, se ha saldado a menudo con derrotas y con la crasa imposición de la impunidad de los vencedores. Una y otra vez, sin embargo, ha sido replanteada, como ahora, por caminos inesperados. Como irrenunciable ley de los vencidos, pero como exigencia, también, de un “nunca más” que se niega a reconocer fronteras.</p>
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