<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>No hi ha dret(s) &#187; Monarquia espanyola</title>
	<atom:link href="http://www.nohihadret.cat/tag/monarquia-espanyola/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.nohihadret.cat</link>
	<description>Garantisme en temps d&#039;excepció</description>
	<lastBuildDate>Sun, 11 Dec 2022 14:45:43 +0000</lastBuildDate>
	<language>ca</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.6</generator>
		<item>
		<title>Cuando la libertad quema</title>
		<link>http://www.nohihadret.cat/2010/10/cuando-la-libertad-quema/</link>
		<comments>http://www.nohihadret.cat/2010/10/cuando-la-libertad-quema/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 03 Oct 2010 18:32:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egluu</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articles El Pais]]></category>
		<category><![CDATA[Codi Penal]]></category>
		<category><![CDATA[llibertats]]></category>
		<category><![CDATA[Monarquia espanyola]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.nohihadret.cat/?p=43</guid>
		<description><![CDATA[En cierto modo, ha ocurrido lo esperado. La desmesurada reacción penal contra la viñeta de El Jueves ha desencadenado nuevas críticas y sátiras sobre la familia real. Primero en los periódicos y la Red, luego en la calle. El último episodio de estas reacciones han sido las manifestaciones de Girona, donde se han quemado retratos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En cierto modo, ha ocurrido lo esperado. La desmesurada reacción penal contra la viñeta de <em>El Jueves</em> ha desencadenado nuevas críticas y sátiras sobre la familia real. Primero en los periódicos y la Red, luego en la calle. El último episodio de estas reacciones han sido las manifestaciones de Girona, donde se han quemado retratos del Rey. En este punto, el debate excede ya la discusión sobre el mejor o peor gusto de unas caricaturas: ¿hasta dónde puede llegar, en un sistema democrático, la crítica a las instituciones y símbolos públicos?</p>
<p>Si las chanzas en cuestión se hubieran producido en otro continente, la respuesta habría sido seguramente más clara. Con frecuencia, el espíritu crítico se rebela cuando algún poder foráneo pone cortapisas a la disidencia religiosa o política. Pero desaparece cuando las diatribas ofenden las propias creencias. No pocos intelectuales y políticos españoles desenfundaron a Voltaire ante la protesta de grupos musulmanes contra una viñeta que se burlaba de sus emblemas religiosos. ¿Por qué mofarse de Mahoma es un ejercicio de libertad de expresión y un delito burlarse de los Príncipes de Asturias?</p>
<p>Los defensores de la actuación penal frente a los humoristas invocaron la &#8220;dignidad&#8221; de los miembros de la familia real y recordaron que la libertad de expresión no incluye el derecho al insulto. No obstante, no puede tratarse igual un &#8220;insulto&#8221; o ataque al &#8220;honor&#8221; a los miembros de una institución pública que a un ciudadano de a pie. Sobre todo si esa institución, como ocurre con la Monarquía española, carece prácticamente de responsabilidad política y jurídica.</p>
<p>En realidad, este tipo de críticas no son algo nuevo. En Inglaterra, por ejemplo, las caricaturas a la familia real se remontan a tiempos previctorianos y son usuales en la prensa amarilla. En otros países monárquicos como Suecia, Dinamarca, Holanda y Noruega, existe análoga tolerancia. En España, en cambio, el respeto a una institución terrenal como la Monarquía es casi el mismo que se profesa hacia una figura sagrada, como la de Mahoma, en los países islámicos.</p>
<p>Muchos de los que se indignaron ante la condena por &#8220;ultraje al Rey&#8221; del periodista Ali Lmrabet en Marruecos han aplaudido o guardado silencio ante la petición fiscal de cárcel para el joven de Girona que participó en los actos antimonárquicos. No faltará quien sostenga que la diferencia reside en que &#8220;allí no hay democracia pero aquí, sí&#8221;. No obstante, es precisamente en un régimen que aspira a ser democrático donde el margen para la crítica de las instituciones debería ser mayor.</p>
<p>De hecho, desde la Revolución francesa hasta nuestros días, los símbolos del poder, político o religioso, siempre han sido satirizados o ridiculizados. Aquí y en cualquier parte del mundo. En la soledad del sótano de una imprenta, pero también en manifestaciones o festejos populares. Tales actos de ofensa callejera se inscriben en una vieja tradición de teatralización de desavenencias o desafectaciones ciudadanas frente a símbolos de poder que se consideran -justa o injustamente- arbitrarios. Quizá por eso suelen tener una mayor carga ideológica, que la simple sátira de papel, y suscitan mayor desasosiego en ciertos sectores políticos e intelectuales &#8220;respetables&#8221;. No obstante, una sociedad democrática debería ser capaz de verlos, no tanto como ataques al orden público, sino como un sano ejercicio de libertad ideológica y de catarsis ciudadana. En Estados Unidos, la jurisprudencia, que sitúa las quemas de banderas y otros símbolos públicos bajo el amparo de la Primera Enmienda, se basa en un razonamiento de este tipo.</p>
<p>No es esto lo que está ocurriendo en España. Entre otras razones, porque muchas de estas críticas podrían subsumirse en alguno de los delitos contra la corona contemplados por el Código Penal. Esta previsión, como se ha visto, se presta a aplicaciones de difícil encaje en un régimen que garantiza el pluralismo político.</p>
<p>A casi un siglo de la persecución de Valle-Inclán por sus ácratas invectivas contra la Corona, la mitificación de la Monarquía como símbolo intocable de la transición sigue siendo fuente de tabúes y un obstáculo a la libre discusión pública. En un contexto así siempre será preferible la quema de símbolos del poder, a que sea el propio poder el que acabe abrasando los espacios de crítica, irrenunciables en cualquier sistema democrático.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.nohihadret.cat/2010/10/cuando-la-libertad-quema/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Símbols com a arma llencívola</title>
		<link>http://www.nohihadret.cat/2008/06/simbols-com-a-arma-llencivola/</link>
		<comments>http://www.nohihadret.cat/2008/06/simbols-com-a-arma-llencivola/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Jun 2008 22:59:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nohihadret</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articles Avui/El Punt]]></category>
		<category><![CDATA[independencia]]></category>
		<category><![CDATA[Monarquia espanyola]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.nohihadret.cat/?p=341</guid>
		<description><![CDATA[La defensa de la Corona i dels símbols de l&#8217;Estat ha desfermat en el darrer any una reacció gairebé colèrica del poder judicial i de bona part de la classe política. Aquesta actitud irada ha originat restriccions desproporcionades a la llibertat ideològica o d&#8217;expressió i una degradació considerable de la qualitat democràtica de l&#8217;esfera pública. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La defensa de la Corona i dels símbols de l&#8217;Estat ha desfermat en el darrer any </strong>una reacció gairebé colèrica del poder judicial i de bona part de la classe política. Aquesta actitud irada ha originat restriccions desproporcionades a la llibertat ideològica o d&#8217;expressió i una degradació considerable de la qualitat democràtica de l&#8217;esfera pública. Si es compara amb la major laxitud exhibida en altres ocasions, la singular bel·licositat institucional enfront de les recents crítiques a la dinastia reial o a la bandera espanyola bé podrien ser percebudes com un símptoma inequívoc de feblesa. La darrera reprimenda del president del Congrés, José Bono, a l&#8217;exhibició d&#8217;una bandera republicana n&#8217;és el darrer exemple.</p>
<p><strong>En realitat, tant els tribunals europeus com el Tribunal Constitucional espanyol </strong>han deixat clar que en un sistema democràtic el camp de joc de la dissidència no pot ser sols el que el poder consideri &#8220;acceptable&#8221;. Per contra, inclou la crítica acerba, feridora, fins i tot aquella mancada de rigor intel·lectual o d&#8217;<em>esprit de finesse</em>. Tractant-se d&#8217;institucions com la Corona o dels mateixos símbols estatals, podria dir-se de fet que aquest marge hauria de ser més vast i impertorbable.</p>
<p><strong>En primer lloc, perquè el monarca és, entre altres coses, el garant d&#8217;un principi</strong> disputat ja des de temps de la primigènia nissaga borbònica: el de &#8220;la unitat i integritat de l&#8217;Estat&#8221;. En nom de la &#8220;unitat&#8221; es van cancel·lar les<br />
llibertats polítiques i culturals catalanes el 1714. La seva conservació va ser la comesa primordial que Francisco Franco va encomanar a Joan Carles I en designar-lo legalment el seu successor i, encara avui, segueix sent una de les funcions bàsiques que la Constitució de 1978 reconeix a la Corona. En segon lloc, perquè sent l&#8217;estendard d&#8217;un principi que hauria d&#8217;estar obert a l&#8217;escrutini públic, el rei manca de responsabilitat penal o civil i no es troba sotmès a cap control electoral. En tercer lloc, perquè en el text constitucional la mateixa monarquia hi figura com una institució ferotgement blindada, de manera que la reforma de qualsevol dels elements abans esmentats resulta en la pràctica gairebé impossible.</p>
<p><strong>I el mateix es podria predicar d&#8217;altres símbols de l&#8217; Estat</strong>, com la bandera. L&#8217; actual insígnia <em>rojigualda</em> es va dissenyar com a pavelló naval amb Carles III –d&#8217;igual ascendència borbònica– el 1785, i es va assumir com a bandera &#8220;nacional&#8221; –encara que només dugués l&#8217;escut de Castella– amb Isabel II, el 1843. Va ser objectada durant els dos interregnes republicans però rescatada per una dictadura franquista que la va distingir amb l&#8217;<em>àguila de sant Joan</em>. A pesar del canvi que va suposar el nou ordre constitucional, l&#8217;actual llei de banderes, del 1981, també col·liga la bandera bicolor a la &#8220;unitat i integritat de la nació espanyola&#8221;. Un eminent objectiu que igualment l&#8217;exèrcit ha de resguardar amb aire marcial, com bé recorda el cèlebre article 8 de la Constitució espanyola.</p>
<p><strong>En definitiva: hi ha bones raons per pensar que la reialesa</strong> o la bandera són percebudes, per una part apreciable de la ciutadania, com símbols que encarnen injustícies passades i valors avui qüestionats. Només per això haurien d&#8217;estar subjectes a una crítica fins i tot més àmplia que altres institucions públiques. Per contra, no només l&#8217;ordenament constitucional sinó també el dret penal els atorga un blindatge desorbitat que posa en una evidència crònica la manca de salut democràtica del sistema polític.</p>
<p><strong>El 1990 el Tribunal Constitucional </strong>va entendre que una crítica periodística que rememorava el passat franquista de Joan Carles I estava emparada per la llibertat d&#8217;expressió i que no podia ser considerada cap oprobi o incitació a la violència. A partir de llavors, no obstant això, l&#8217;espai per a la crítica s&#8217;ha anat constrenyent de forma inexorable. En l&#8217;últim any, els signes de la reculada s&#8217;han succeït de manera inquietant. Primer, les invectives censuradores contra <em>El Jueves</em> per una vinyeta d&#8217;un clar candor si es compara amb les àcides caricatures antimonàrquiques dels germans Bécquer, fa més de dos segles, o amb alguns <em>gags</em> televisius de <em>Polònia</em>. Després, la severa actuació contra Enric Stern i Jaume Roura, els joves acusats de cremar fotos reials que, entre altres extrems, recordaven el lligam de l&#8217;actual monarca amb el règim franquista. Finalment, l&#8217;irregular procés contra Francesc Argemí, el jove independentista acusat de despenjar una bandera espanyola a Terrassa.</p>
<p><strong>Es podrà argumentar que també &#8220;la diversitat d&#8217;Espanya&#8221;</strong> i els símbols autonòmics es troben tutelats per l&#8217;ordenament jurídic. L&#8217;asimetria, no obstant això, és palmària. La policia, els jutges, el Codi Penal –i fins i tot les anomalies processals– només solen aparèixer quan els qüestionats són &#8220;la indissoluble unitat de la nació espanyola&#8221; o alguns dels símbols que l&#8217;apuntalen. Es pot considerar aquesta reacció com un signe de fortalesa? Més aviat al contrari. Tant la Corona com els símbols de l&#8217; Estat són institucions i símbols de poder, sí. Però es tracta d&#8217; un poder trontolladís. Un poder impugnat que, en sostreure&#8217;s al debat públic i sobreactuar enfront dels seus adversaris, en realitat delata una lenta però persistent pèrdua d&#8217;hegemonia social.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.nohihadret.cat/2008/06/simbols-com-a-arma-llencivola/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
