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	<title>No hi ha dret(s) &#187; okupacio</title>
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	<description>Garantisme en temps d&#039;excepció</description>
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		<title>vivienda y derecho a la protesta</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jan 2007 23:48:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nohihadret</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articles El Pais]]></category>
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		<description><![CDATA[En su reciente misión oficial a España, el relator de Naciones Unidas para una vivienda adecuada, Miloon Kothari, calificó la situación habitacional de &#8220;auténtico escándalo&#8221;. El derecho a la vivienda, la función social de la propiedad y el deber de impedir la especulación están reconocidos en la Constitución y en diversos tratados internacionales de derechos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">En su reciente misión oficial a España, el relator de Naciones Unidas para una vivienda adecuada, Miloon Kothari, calificó la situación habitacional de &#8220;auténtico escándalo&#8221;. El derecho a la vivienda, la función social de la propiedad y el deber de impedir la especulación están reconocidos en la Constitución y en diversos tratados internacionales de derechos humanos. Sin embargo, del conjunto de Estados que integran la Unión Europea, el español es el que más construye, el que más inmuebles abandonados tiene y el que menos vivienda asequible pone al servicio de sus habitantes.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">La gravedad de la situación y la insuficiente respuesta de los poderes públicos han generado reacciones sociales diversas. La ocupación de inmuebles abandonados, tanto por razones de necesidad como reivindicativas, es una de ellas. No faltan quienes piensan que estas actuaciones deben tratarse como inaceptables vulneraciones de derechos ajenos a las que sólo cabe responder con el rigor del derecho penal. Sin embargo, una comprensión más exigente de los derechos fundamentales y del principio democrático obligaría a ver las cosas de otro modo.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Tomemos el caso de la reciente orden de desalojo contra la cincuentena de jóvenes que ocupaban la antigua fábrica de Can Ricart. Las crónicas periodísticas disponibles informan de que el juez de la causa fundó su decisión en dos argumentos centrales. Por un lado consideró que la ocupación no fue pacífica, sino &#8220;intimidatoria&#8221; y que constituyó, por tanto, una usurpación violenta de propiedad ajena. Por otra parte, sostuvo que las declaraciones reivindicativas por parte de los ocupantes y de asociaciones de vecinos habían generado &#8220;preocupación en la víctima&#8221; y gran &#8220;alarma social&#8221;.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Intimidación, reivindicación de los hechos y alarma social aparecen así como la cadena lógica que justifica el rigor penal y obliga a descartar otras vías más dialogadas, como la civil. Buena parte de la clase política ha respirado aliviada ante la decisión, como si se quitara de encima un problema que podría haberse resuelto antes y de manera más contundente. No obstante, la decisión del juez deja abiertos numerosos interrogantes.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Para comenzar, el propio juez reconoce -lo que no es poco- que la ocupación pacífica de un inmueble injustamente abandonado podría no merecer reproche penal alguno y que, por tanto, bien podría zanjarse por otras vías judiciales. El problema en Can Ricart sería que el predio no se encontraba abandonado puesto que estaba &#8220;vigilado durante las 24 horas&#8221;. La ocupación, por tanto, sólo habría podido prosperar de manera &#8220;violenta&#8221;. Para cualquiera que haya seguido la crónica de la manifestación que concluyó en la ocupación o que haya constatado con sus propios ojos el estado en que se encuentra el predio, estas razones son difícilmente aceptables.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Argumentar, en primer lugar, que basta con apostar un vigilante en un inmueble para desbaratar cualquier sospecha de abandono o de uso especulativo de una propiedad, resulta endeble. El propio proyecto de ley del derecho a la vivienda impulsado por el Gobierno tripartito, por ejemplo, reconoce que consentir el deterioro de las instalaciones y de servicios básicos de agua o luz constituye un indicio de peso del uso &#8220;anómalo&#8221; o &#8220;antisocial&#8221; de una propiedad.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">La entrada de los músicos y artistas a las naves, por otra parte, se produjo a plena luz del día, diferentes cuerpos de seguridad acompañaban de cerca la manifestación y no hubo constancia de que se produjeran daños a persona alguna. Presentarla como un despliegue de &#8220;artimañas&#8221; e &#8220;intimidaciones violentas&#8221; parece desmesurado. Entonces, ¿qué elementos desencadenaron el desalojo penal? El magistrado parece sugerirlo de manera elíptica. En lugar, afirma, de actuar con &#8220;sigilo&#8221;, los ocupantes reivindicaron su actuación y exhibieron así un arraigado tic de los movimientos antisistema: &#8220;enfrentar de manera permanente a los poderes públicos&#8221;.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Este último razonamiento es preocupante, sobre todo por la idea de democracia que traduce. Desde un primer momento, quedó claro que los miembros de La Makabra no se limitaban a pedir un espacio &#8220;propio&#8221; para ensayar. Pretendían poner sobre la mesa una cuestión más grave, sobre la que la decisión judicial guarda un clamoroso silencio: la reconversión de barrios enteros, con fuerte identidad social y valor histórico, en espacios mercantilizados y excluyentes. Y todo ello a través de procedimientos no siempre transparentes que privilegian la participación de los grandes propietarios y promotores en detrimento de la de los vecinos afectados.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Qué hay de malo en hacer públicas esas razones? ¿Por qué sería preferible el &#8220;sigilo&#8221; a la reivindicación deliberada de derechos que, después de todo, no expresan simples caprichos privados, sino anhelos de una parte importante de la población? ¿No es acaso la disposición para enfrentar al poder, cualquiera sea su color político, la base de una ciudadanía alerta y vigilante? Si la protesta de los artistas de La Makabra consiguió granjearse el apoyo de asociaciones de vecinos e incluso del propio relator de Naciones Unidas fue precisamente por su capacidad para apelar a intereses públicos, en buena parte generalizables. ¿Qué es por tanto lo que de verdad produce &#8220;alarma social&#8221;: los colectivos que protestan o aquello que se denuncia?</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Ciertamente, puede discreparse con la manera de llevar a cabo la reivindicación. Pero debe hacerse sin hipocresías. En las actuales democracias mediáticas, ¿cómo pueden hacerse sentir las voces más críticas? ¿Cómo ejercer de manera genuina la libertad ideológica y de expresión cuando los canales convencionales permanecen bloqueados o resultan manifiestamente insuficientes? ¿Cuáles son, en suma, las vías de participación que, más allá del voto y de los mecanismos simplemente programados &#8220;desde arriba&#8221;, está dispuesta a aceptar una democracia que la Constitución española define como &#8220;avanzada&#8221;?</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">La ocupación de los deteriorados predios del marqués de Santa Isabel por parte de un colectivo de artistas permitía, entre otras cosas, detenerse a reflexionar sobre el modelo de ciudad que se está impulsando y su impacto sobre los derechos de sus pobladores. Se podía estar de acuerdo o no con las reivindicaciones de fondo. Pero la utilización del derecho penal resulta un portazo torpe y desproporcionado a la posibilidad de ampliar la discusión pública en torno al gravísimo problema de la especulación urbanística y de la falta de vivienda asequible. Para ello habría que haber comenzado por asumir que, en una concepción exigente del principio democrático, el derecho a la protesta es el primero de los derechos.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY">
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		<title>La okupación sitiada en Can Masdeu</title>
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		<pubDate>Wed, 22 May 2002 23:47:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nohihadret</dc:creator>
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		<category><![CDATA[okupacio]]></category>

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		<description><![CDATA[Los okupas vuelven a ser noticia. En un escenario de fuerza simbólica y confrontación política inéditas. Hay un antes y un después, dicen ellos. Sus cuerpos, debilitados por el hambre y la sed, suspendidos de la fachada de una masía, evocan otras escenas dramáticas de resistencia. La masía de Can Masdeu llevaba medio siglo abandonada. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Los </span></span><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;"><em>okupas</em></span></span><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;"> vuelven a ser noticia. En un escenario de fuerza simbólica y confrontación política inéditas. Hay un antes y un después, dicen ellos. Sus cuerpos, debilitados por el hambre y la sed, suspendidos de la fachada de una masía, evocan otras escenas dramáticas de resistencia. La masía de Can Masdeu llevaba medio siglo abandonada. Ellos decidieron poner fin a esa situación y convertirse, por vías de hecho, en defensores de su valor social (un &#8216;espacio para vivir&#8217; en lugar de &#8216;un espacio para vender&#8217;, según reza un panfleto). Sin duda, una osada reacción ante lo que estimaban un problema mal resuelto por las instituciones: la amenaza de destrucción de un bien público, como consecuencia de un deterioro progresivo que los arquitectos no dudan en calificar de intencionado y especulativo.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">¿Cómo ha reaccionado la Administración ante tal interpelación? De entre el amplio abanico de opciones posibles de intervención, ha escogido la más expeditiva, lesiva y costosa: la del derecho penal. En efecto, una vía reservada sólo para situaciones graves e intolerables de deterioro de la convivencia social. O dicho en otras palabras: el último recurso, en ausencia de otros medios no penales alternativos, al que se debe acudir. ¿Era éste el supuesto? ¿Debía dirimirse esta controversia a través de la coacción penal y policial? La fiscalía lo niega. Los vecinos de Nou Barris opinan lo mismo. Se podría acudir a la vía civil ¿Por qué no dialogar? ¡Ni una palabra con esos delincuentes! ¿Merecen los jóvenes ir a la prisión? ¿Es el derecho de propiedad privada absoluto? ¿No admite acaso limitaciones en función de su uso o de su colisión con otros derechos, como el de la vivienda? ¿Qué conducta merece en realidad mayor repulsa social? ¿La de un uso abusivo y antisocial de una propiedad abandonada o la de unos jóvenes que la restauran y le otorgan la función social perdida? ¿Y si el protagonista de esa conducta es ni más ni menos que una institución pública?</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">La actuación de los poderes públicos se justifica ante necesidades sociales o problemas que exigen una respuesta -a ser posible integradora- que, de no darse, causaría un agravamiento de la situación. Desgraciadamente, demasiado a menudo se interviene de espaldas a la realidad social y sus actores. No sólo </span></span><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;"><em>resolviendo</em></span></span><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;"> lo que se define como problema, sino empeorándolo y creando otros nuevos. Es un síntoma de la creciente dificultad institucional de interacción con los desafíos cada vez más complejos y dinámicos de nuestras sociedades contemporáneas. En Collserola se sitia el lugar, en un operativo </span></span><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;"><em>manu militari</em></span></span><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;"> espectacular, como si se tratara de un edificio tomado por una peligrosa guerrilla revolucionaria y se espera al agotamiento del enemigo. Ni agua, ni comida. El resultado: en nombre de la sacrosanta propiedad se impide la ayuda humanitaria hasta el punto de poner en peligro la vida e integridad física de los jóvenes, ya de por sí suficientemente amenazada por su situación. Su protesta se convierte, contra su voluntad, en una huelga de hambre forzada. El conflicto presenciado en directo por centenares de personas -como si de un circo romano se tratara- sugiere preguntas comprometidas: ¿resulta legítimo que la autoridad prive a una persona de sus derechos más elementales para hacerla desistir de su derecho a reivindicar?, ¿es legal -o incluso no es delito- infligir un sufrimiento físico y mental a una persona para doblegar sus facultades de decisión?, ¿no es un trato degradante -incluso de tortura- cuando la policía utiliza potentes focos durante la noche para que no se duerman? ¿Qué hubiera pasado sin la presión mediática y la movilización ciudadana? Quizá ahora nos lamentaríamos de un desenlace más dramático.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">Estos interrogantes merecen una reflexión perentoria sobre el proceso de relajación de los derechos y garantías constitucionales de aquellas personas o colectivos que participan en movimientos sociales disidentes. A su cada vez mayor apoyo y legitimidad social -medio millón en la manifestación antiglobalizadora del 16 de marzo- le sigue una impetuosa y perversa criminalización. En realidad, se les expulsa del sistema para luego privarles de sus derechos, y cuando reclaman amparo legal, el sistema les excluye y rechaza como parias. En un contexto así, resulta obligado recordar que los disidentes son actores de primer orden para el indispensable cambio social, cultural o ético de cualquier sociedad que se pretenda democrática. Más que espectadores dóciles y satisfechos, ésta requiere de ciudadanos comprometidos y activos, incluso incómodos.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial Narrow,sans-serif;"><span style="font-size: small;">El Estado de derecho no se agota en sí mismo. Por el contrario, esta imbuido por un logica que va más alla de él. En efecto, en una infinita readaptación de si mismo, debe enfrentarse a sus insuficiencies y contradicciones. Estar atento a los valores emergentes de la sociedad, a los ideales y expectativas que remueven sus luchas. Es más, los conflictos que se apoyan en razones éticas o sociales, pero no en la razón normativa, a menudo son en un inicio inevitablemente ilegales. Precisamente, derechos como las huelgas o manifestaciones se han ejercido historicamente por la fuerza y sin reconocimiento previo. Por eso, en una sociedad compleja y multicultural como la nuestra, deberían buscarse vías más imaginativas para encontrar formas de convivencia en que sea factible, por ejemplo, abrir espacios de vida alternativos sin convertir necesariamente a los disidentes en delincuentes. Ni toda transgresión legal en una acción delictiva. El conflicto de Can Masdeu se podría empezar a desbloquear con la retirada de la denuncia penal.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY">
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