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	<title>No hi ha dret(s) &#187; pilotes de goma</title>
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	<description>Garantisme en temps d&#039;excepció</description>
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		<title>Proyectiles peligrosos: ¿hay que prohibirlos?</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Jun 2009 22:54:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nohihadret</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articles El Periodico]]></category>
		<category><![CDATA[pilotes de goma]]></category>
		<category><![CDATA[violencia policial]]></category>

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		<description><![CDATA[El uso de balas de goma por la policía ha sido proscrito en la mayor parte de los países europeos Viernes, 5 de junio del 2009 &#160; Los disturbios tras la celebración del título europeo del FC Barcelona, la madrugada del jueves de la semana pasada, dejaron un balance de 134 detenidos y más de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h3>El uso de balas de goma por la policía ha sido proscrito en la mayor parte de los países europeos</h3>
<p>Viernes, 5 de junio del 2009</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a name="imagenAmpliar_85764"></a>Los disturbios tras la celebración del título europeo del FC Barcelona, la madrugada del jueves de la semana pasada, dejaron un balance de 134 detenidos y más de 200 heridos. Las pelotas de goma lanzadas por los Mossos al parecer lesionaron, entre otros, a un cabo de la Guardia Urbana de Barcelona, además jefe de prensa, y a tres jóvenes que perdieron un ojo. Los hechos han generado honda preocupación y plantean ciertos interrogantes: ¿en qué situaciones pueden utilizarse las escopetas antidisturbios? ¿Resultan admisibles unos proyectiles que pueden superar los 250 kilómetros por hora y amenazar seriamente la integridad física de las personas?</p>
<p>El uso de escopetas antidisturbios contra los ciudadanos es una de la medidas más extremas que se pueden adoptar. Ello explica que jurídicamente aparezca como la última opción, una vez agotadas las otras vías de solución de conflictos, y que quede supeditada a la observancia de estrictos criterios de congruencia, oportunidad o proporcionalidad, con la única finalidad de remover una alteración grave del orden público. El protocolo policial, además, exige una utilización gradual de los medios. En primer lugar, se recurrirá a métodos disuasorios, como los avisos de advertencia; luego, a las salvas &#8211;disparos sin propulsión&#8211;, y solo si estas vías fracasan, a las pelotas de goma. En este caso, los disparos se harán siempre con rebote al suelo &#8211;no hacia las personas&#8211; y a una distancia mínima de 50 metros. La lógica sobre la que se fundamentan estos principios es simple: la policía solo puede disponer de un medio tan invasivo si es absolutamente imprescindible y debe asegurarse, en todo caso, de que no provoque un mal mayor del que se pretende evitar.</p>
<p>Vistos desde esta perspectiva, los disturbios del 28 de mayo seguramente justificaban que la fuerza pública interviniera. La persuasión o la mediación difícilmente hubieran permitido, por sí solas, reconducir la situación. Lo que no está tan claro es que el uso de escopetas fuera necesario ni que los protocolos fueran siempre respetados. El <em>conseller</em> de Interior, <strong>Joan Saura, </strong>rechazó cualquier investigación y calificó la actuación de «absolutamente correcta». Víctimas y testigos, en cambio, hablan de disparos discrecionales, a menos de la distancia reglamentaria y en lugares donde los incidentes habían finalizado o ni siquiera empezado, como en el caso del cabo herido en la plaza de Catalunya.</p>
<p>Más allá, en todo caso, de las diferentes opiniones sobre lo sucedido, lo cierto es que tales armas entrañan un severo riesgo para la integridad física e incluso la vida. Renombradas revistas médicas como <em>The Lancet</em> y el balance del último año en el Estado son, al respecto, elocuentes: 60 hospitalizados y 4 lesiones oculares graves &#8211;22 desde 1990, según EL PERIÓDICO de ayer&#8211;. En Barcelona, sin ir más lejos, una de las supuestas víctimas fue el propio jefe de la Guardia Urbana, <strong>Xavier Vilaró, </strong>durante la actuación policial tras los disturbios por la victoria de la selección española en la Eurocopa del verano pasado. A <strong>Vilaró </strong>le tuvieron que extirpar el bazo. En enero de este año, asimismo, el Tribunal de Estrasburgo condenó al Estado español por un «mal funcionamiento de la Administración» a indemnizar con 170.000 euros a un joven herido por otro impacto.</p>
<p>SFlbLas asociaciones de derechos humanos llevan tiempo reclamando un debate sobre el manejo de esta y otras armas policiales. En el 2005, la utilización no autorizada de porras extensibles por la Guardia Civil causó la muerte de un agricultor almeriense en el cuartel de Roquetas de Mar. Dos años más tarde, algunas unidades de los Mossos adquirieron las temibles pistolas Taser, que tantas víctimas mortales han causado en EEUU y Canadá. El mismo año entró en escena el célebre punzón llamado <em>kubotán</em>, esgrimido sin autorización por los antidisturbios durante una manifestación en Barcelona. El peligro de estos artilugios es evidente. Por ello, las recientes instrucciones 4/2008 y 5/2008 aprobadas por la Generalitat van, a pesar de algunas deficiencias, en el buen camino. Se prohibieron el <em>kubotán</em> y la pistola eléctrica, medida que Amnistía Internacional, en su reciente informe, <em>Voltios sin control, </em>reclama para el resto del Estado.</p>
<p>Las balas de goma, en cambio, siguen siendo legales. La Conselleria d’Interior no se plantea ningún cambio y defiende su empleo arguyendo que también «se utilizan en el resto del Estado». Lo que no se dice es que, salvo en casos como los de Grecia e Italia, han sido retiradas en la mayoría de países europeos y sustituidas por medios a priori menos contundentes e indiscriminados. Un problema adicional de tales proyectiles es la ausencia de marcas de identificación, con la consiguiente dificultad para investigar su uso y determinar qué agente ha apretado el gatillo y en qué circunstancias.</p>
<p>SFlbNo parece cierto, por tanto, que no existan otras opciones que entrañen menos riesgos y permitan un uso más proporcional o controlado de la fuerza. El ideal normativo de un Estado de derecho exige no cerrar en falso sucesos tan dramáticos como los citados. Las armas las carga el diablo, las trayectorias no son siempre previsibles y, por ello, cualquiera puede ser víctima de una bala perdida. Si incluso los propios funcionarios policiales llegan a serlo, ¿qué puede esperar un ciudadano que salga a la calle para manifestarse o celebrar la victoria de su equipo? ¿No sería más aconsejable investigar su uso? ¿Qué concepción del orden público puede justificar el recurso a un medio tan lesivo?</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Bales de trajectòria erràtica: el sorprenent cas Vilaró</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Aug 2008 23:12:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>nohihadret</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articles Avui/El Punt]]></category>
		<category><![CDATA[pilotes de goma]]></category>
		<category><![CDATA[violencia policial]]></category>

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		<description><![CDATA[De vegades les bales tenen trajectòries especialment controvertides. La bala de la discòrdia que als EUA el 1963 va matar el president Kennedy és, tal vegada, la més famosa. Tant que la polèmica encara segueix viva. A Catalunya un objecte volador, durant els disturbis posteriors a la victòria de la selecció espanyola, va impactar en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">De vegades les bales tenen trajectòries especialment controvertides. La bala de la discòrdia que als EUA el 1963 va matar el president Kennedy és, tal vegada, la més famosa. Tant que la polèmica encara segueix viva. A Catalunya un objecte volador, durant els disturbis posteriors a la victòria de la selecció espanyola, va impactar en l’abdomen del cap de la Guàrdia Urbana de Barcelona, Xavier Vilaró.</p>
<p>El comandament policial fou ingressat a l&#8217;UCI i sotmès a una complicada operació en la qual li van extirpar la melsa. Durant cinc dies, l’Ajuntament va ocultar l’incident i això va donar peu a multitud de conjectures. Una polèmica preestiuenca amb tots els ingredients d&#8217;un fulletó: querelles contra els cronistes, pugnes inflamades entre partits i detectius i meuques incloses. I és que encobrir o silenciar alguna informació incomoda per part dels poders públics gairebé sempre minva la credibilitat, fins i tot en una societat democràtica, de les versions oficials.</p>
<p>El major atemptat terrorista perpetrat en territori europeu, el 11-M, i l&#8217;ocultació durant tres dies de la seva autoria per part del govern del PP encara és a la memòria col•lectiva d&#8217;una ciutadania que va haver de reivindicar al carrer el seu dret legítim a saber.</p>
<p>En el cas Vilaró, al final se’ns va dir que el misteriós objecte volador era, ni més ni menys, un projectil de goma disparat per la pròpia policia catalana. O sigui, una espècie de bala perduda del foc amic. Més enllà de tot el rebombori mediàtic i la major o menor consistència de la versió oficial, persisteix un interrogant sense respondre: per quin motiu es podria voler sostreure al coneixement de l’opinió pública un esdeveniment tan singular?</p>
<p>El comandament policial no es va amagar darrere subterfugis o dispenses acovardides. Va assegurar que ho va fer –i ho tornaria fer– “per lleialtat al sistema”. Un vassallatge que es deu més a interessos corporatius que a un sistema definit com democràtic i de dret. La portaveu municipal, Assumpta Escarp, en canvi, va al·ludir al respecte a la “intimitat” de l&#8217;afectat que, no obstant, no era un agent qualsevol, sinó el propi cap policial de la Guàrdia Urbana de servei i en exercici d’una funció publica.</p>
<p>Aquests arguments semblen obeir més aviat a una vella temptació predemocràtica que pretén excloure les actuacions policials de la crítica i el debat polític. El dret a la informació i a la veritat fou ràpidament sacrificat per un discutible sentit de raó d’Estat. Això resulta especialment greu quan la pròpia identitat de la víctima –el comandament que codirigia el dispositiu policial– dissipa qualsevol dubte sobre l&#8217;arbitrarietat i el descontrol que va presidir l’actuació. La qüestió central de la controvèrsia, no obstant això, hauria de ser una altra: ¿resulta admissible l’ús d’uns projectils que poden superar els 250 quilòmetres per hora i que amenacen greument la integritat física, no ja del cap de la policia, sinó de qualsevol persona?</p>
<p>Les associacions de drets humans porten temps reclamant un debat ampli sobre l&#8217;ús d&#8217;aquesta i altres armes policials. El 2005 l&#8217;ús no autoritzat de les porres extensibles per part de la Guàrdia Civil va causar la mort d&#8217;un agricultor a la caserna de Roquetas de Mar. Dos anys més tard, algunes unitats dels Mossos van adquirir les temibles pistoles Taser, que havien causat desenes de morts en el continent nord-americà, com la d&#8217;un polonès en un aeroport canadenc. El mateix any va entrar en escena el punxó anomenat Kubotan, utilitzat sense autorització pels antidisturbis catalans en el cos a cos d&#8217;una manifestació a Barcelona.</p>
<p>Els riscos d’aquests ginys són evidents. Instruccions internes recents –la 4/2008 i la 5/2008– aprovades pel govern català ja han prohibit el Kubotan i la pistola elèctrica. En el cas de les escopetes antiavalots i les pilotes de goma, el balanç del darrer any a l&#8217;Estat espanyol és preocupant: 60 persones hospitalitzades i 4 que han perdut un ull. Els seus efectes fins i tot poden ser letals, com ho ha sigut en diverses ocasions. En la majoria dels països europeus ja estan prohibides i s&#8217;han substituït per mètodes a priori menys contundents. En l&#8217;Estat espanyol, en canvi, encara avui formen part de l&#8217;equip reglamentari de les unitats antidisturbis dels cossos policials estatals i autonòmics.</p>
<p>Res d’això té que veure amb ideal normatiu d’un Estat de dret en què la gestió de l’ordre públic exigeix un ús estrictament regulat i controlat de la força. A més del desplegament dels mitjans o tècniques dissuasius que siguin el menys lesives possible. La lleialtat al sistema, o si és prefereix, als principis que el sistema assegura defensar, exigeixen no tancar en fals incidents com el de Xavier Vilaró. Ell ha estat, segurament, la víctima més insigne d&#8217;una pilota de goma. Esperem que sigui la darrera.</p>
<p>A Carles Guillot</p>
<p align="JUSTIFY">
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